No creo en la palabra crónico. Todo aquello que
escuchamos en demasía acaba anestesiándonos y dejamos de confiar en
su existencia. A mi me pasó con la palabra Dios y con la palabra
crónico.
Crecí en una
familia de profundas convicciones católicas. Dios estaba muy
presente en el aroma diario,
y ese aroma llegó a ser tan empalagoso como el perfume de una
persona
a la que
dejaste de amar hace años.
Un día tuve que matar a Dios (cosa que ya había hecho Nietzsche
muchos años antes, aunque yo, en ese momento, me sentí especial y
único).
Lo mismo me sucedió
con la palabra crónico. Han sido tantos los médicos que la han
pronunciado, que finalmente empecé a sospechar que la cronicidad era
una palabra inventada por ellos para salir del paso ante lo
inexplicable.
Lo crónico y Dios se parecen mucho si pensamos en que
ambas cosas carecen de explicación lógica. Así que en Dios y en lo
crónico, o crees o no crees. Es una cuestión de fe y yo carezco de
ella, aunque en el tema de Dios podría tener, en mi caso y a día de
hoy, muchos matices. De eso ya hablaré algún día..
Me llamo Jordi. Tengo cincuenta y un años y estoy
diagnosticado de fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
Toda aquella persona
que haya pasado o esté pasando por ello sabrá el tortuoso camino
que se recorre antes de que alguien, un médico, diga las palabras
mágicas: “Usted podría
tener fibromialgia”.
Observe el lector la
sutíl construcción de la frase: “Usted podría
tener fibromialgia”. La importancia está en el condicional. Ningún
médico se moja del todo a la hora de diagnosticar una enfermedad que
todavía está en el oscuro catálogo de las enfermedades “raras”.
La fibromialgia y el
Síndrome de Fatiga Crónica tienen unas consecuencias devastadoras
para la persona que lo sufre. Los síntomas son innumerables pero
resumiendo serían los siguientes:
- Agotamiento
permanente que no se pasa con el descanso nocturno (es más, te
levantas mucho más cansado de lo que te acostaste la noche
anterior).
- Dolor articular
constante (en mi caso sobre todo en las grandes articulaciones;
hombros y caderas, aunque también cervicales, lumbares, codos,
tobillos...etc).
- Insomnio.
- Ansiedad.
- Depresión.
- Problemas
intestinales como estreñimiento y diarrea (y no es contradictorio,
os aseguro que sucede)
- Urticaria.
- Migrañas.
- Entumecimiento
muscular.
- Falta de
concentración.
- Visión borrosa.
- Hormigueo en manos y
pies...etc, etc, etc.
La fibromialgia es una
enfermedad que te va minando lenta pero inexorablemente.
Aunque parezca
paradójico, el día en el que ponen nombre a todo aquello que
sientes hace años y nadie ha sabido explicar es
un momento feliz.
Al menos puedes nombrarlo, porque lo
que no
se puede nombrar no existe.
“Primero fue el
verbo” - dice la Biblia. A mi la Biblia me parece un libro
fascinante y muy recomendable tanto para creyentes como para ateos.
Está lleno de metáforas magníficas que hacen alusión a temas
universales.
“Primero fue el
verbo”- es decir, todo aquello que no se puede nombrar no existe.
Toda persona que tiene unos síntomas en su cuerpo o en
su mente que determinan su día a día, transformándolo en un
infierno, está deseando ponerle un nombre a esos síntomas. Es como
tener un hijo y no poder llamarlo. Da igual el nombre en sí, la
cuestión es poder articular unas sílabas para identificar aquello a
lo que amas, en el caso de un hijo o aquello que detestas, en el caso
de una enfermedad. El nombre es lo de menos. Pedro, Juan, Jennifer...
qué más da.
Fibromialgia, Sindrome de Fatiga Crónica...qué más
da.
Por mi le podían haber llamado Jennifer y lo hubiera
comprado con la misma pasión.
-“¿Sabéis qué?-
me han detectado un Jennifer”-
hubiera gritado a los cuatro vientos.
-“Joder, ¿un
Jennifer?”- hubieran contestado familiares y amigos- “¿Qué coño
es un Jennifer?
Y yo lo hubiera explicado todo con datos concretos
porque el Jennifer (o el Jenny, si hay confianza) se podría
cuantificar, medir, explicar.
Pero qué difícil es expresar a familiares y amigos lo
que es vivir con un dolor constante y un agotamiento que no te
permite levantarte de la cama, un día, otro día, y otro
día...durante años, y con la incertidumbre de si durará para
siempre.
Cuando hablaba de ello (y digo hablaba porque ya no lo hago) escuché respuestas de todo tipo:
“Ufff, yo también
estoy cansado. Es el cambio brusco
de temperatura”.
“Eso es que estás
estresado”.
“Siempre has sido un
hipocondríaco”.
“¿Has probado las
flores de Bach?”.
“¿Has probado con
la acupuntura?”.
“¿Has probado la
cúrcuma? Es un antiinflamatorio muy eficaz”.
“No será para
tanto”
“Estás hecho una
chanca”.
“Eso se pasa con un
fin de semana sin salir de la cama”.
“Pero si tú eres
superdeportista”
“Eso es por los
radicales libres”
“Cuanto más pienses
en ello más te dolerá”
“Eso se te pasa con
un buen polvo”
“Ay, pues yo ya no sé
qué decirte”.
Y así podría seguir hasta completar un libro de mil
páginas.
Han sido muy malos momentos, probablemente los peores
años de mi vida, pero si me han traído hasta aquí sería una
injusticia no extraer conclusiones positivas de todo ello.
Hace un tiempo leí un libro escrito por una persona que
sufría fibromialgia. Fue terrible, y por ello no daré el título.
El libro no era más que un vómito de rabia y desesperanza ante la
enfermedad. No lo critico. Entiendo perfectamente que alguien que
sufre fibromialgia o SFC sienta esa necesidad. Cuando nadie te
escucha, cuando nadie te cree, lanzar palabras de rabia al viento de
unas páginas puede ser un exorcismo muy valioso, aunque momentáneo
y sin soluciones. Cada uno construye sus propias herramientas de
supervivencia. Yo también tuve la necesidad de escribir un blog o
una web o lo que fuera donde poder gritar mi impotencia y mi dolor.
Pero me alegra no haberlo hecho. Hoy puedo escribir desde otro
ángulo, desde otra perspectiva, porque no creo en la palabra crónico
y sí creo estar preparado para demostrar que de esta enfermedad se
puede salir o, al menos, minimizar tanto los síntomas que puedas
llevar una vida “normal”.
Pero, ¿qué es normal en esta vida? De eso, como de
Dios, también hablaré otro día.
Lo que sí quiero dejar muy claro es que este blog no va
a hablar sólo de enfermedad. No; este blog va a hablar de vida, de
mi vida, tan parecida y tan diferente a la de tantas otras personas,
tan parecida y tan diferente a la tuya.
Espero que a alguien le pueda ser útil.
Bienvenidos/as.
PD: La fotografía que ilustra este post es un
autorretrato que me hice hace unos dos años sobre el que dibujó una
magnífica ilustradora, ceramista y otras tantas cosas: Patossa.
Junto a Patossa formé un tándem creativo que duró un
tiempo. Nos hicimos llamar Pic to Pic, pero de eso también hablaré
otro día.

¿sabes? ya lo has "vomitado" .. ahora a trabajarlo ! abrazos
ResponderEliminarVeremos cómo se me da. Espero que bien.
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