viernes, 7 de agosto de 2015

El turno

Vivimos esperando el milagro cuando el milagro, si guardamos silencio, siempre está ahí.
Lo sé, la palabra milagro está bastante denostada por toda la implicación que tiene con el catolicismo en el que hemos crecido. Pero seamos sensatos; desvistamos el concepto milagro de su pesado manto santificado y abramos la mente que, os lo aseguro, no caeremos en un abismo de creencias dogmáticas.

A la vida le gusta jugar un poco, le gusta poner a prueba nuestra capacidad de observación. Cuántas veces nos hemos preguntado: ¿cuándo tendré un trabajo decente?, ¿cuándo me querrá alguien?, ¿cuándo me entenderán?, ¿cuándo seré feliz?

Tengo dos noticias, una buena y otra mala (o no tan mala):

La primera es que YA somos felices.
La segunda es que estamos ciegos y sordos. No sabemos ver ni escuchar que YA somos felices.

Estamos siempre esperando nuestro momento de ser felices, y ese momento parece no llegar nunca cuando, en realidad, ya está ahí. Es como haber cogido número para comprar en la pescadería unas gambas el 24 de diciembre y nunca llegase nuestro turno. Mientras esperamos, las gambas se van acabando porque el resto de clientes se las llevan a capazos. Entonces adelantamos la catástrofe: “Cuando llegue mi turno ya no quedarán gambas”. Lo que no vemos, y sobre todo no disfrutamos, es la contemplación serena del conjunto de la pescadería. No vemos unas preciosas doradas, unas jugosas caballas o unos suculentos mejillones. 
No: yo quiero gambas, y si no son gambas no seré feliz.
A los vegetarianos les sugiero que cambien las gambas por puerros, las doradas por coliflores y las caballas por zanahorias.

La vida jamás sucede en el peso de los acontecimientos pasados (peso que, por otro lado, nosotros le otorgamos), ni tampoco en el adelanto de la catástrofe futura.
La vida sucede ahora, en el disfrute de la contemplación. Sin juicios, sin conceptos, sin esperanza (ojo: no es lo mismo esperar que estar esperanzado).

Todavía no he conocido ni una persona (y me incluyo) que adelante hechos maravillosos.

-Tengo la capacidad de X y sé que llegará.

En nuestra mente sucede algo más parecido a:

-Me gustaría que sucediera X, pero es tan difícil que no creo que llegue nunca.

Y lo que no sabemos es que el pensamiento previo siempre genera los acontecimientos subsiguientes.
Para los más escépticos cambiaré la frase y la transformaré en:

El pensamiento previo favorece que sucedan ciertas cosas y no otras”

Nunca hablo de creencias o suposiciones. Hablo de cosas que he experimentado en mi mismo. Y tengo la firme convicción de que tú y yo somos lo mismo expresado en distinta forma. Por lo tanto, si me pasa a mi te puede pasar a ti.
Otra cosa es que no quieras o no puedas verlo. Lo único necesario es que ese todo, expresado en ti (no en lo que tú crees que eres sino en ti) se convenza de que es así.

Somos capaces de “casi” cualquier cosa en este tramo de tiempo que se nos ha concedido y que llamamos vida. El casi lo pongo entre comillas para que nadie me acuse de ingenuo. Es evidente que una persona que mida 1,50 metros jamás llegará a jugar en la liga norteamericana de baloncesto. Pero la pregunta es: ¿es necesario jugar en la liga norteamericana de baloncesto? o ¿qué puedo hacer con mis 1,50 metros de altura? Y ahí se abre un abanico de posibilidades tan amplio, que tanta felicidad causa vértigo.

Esperemos nuestro turno. O no, no esperemos nuestro turno. Nuestro turno es ahora.

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