Vivimos esperando el milagro cuando el milagro, si
guardamos silencio, siempre está ahí.
Lo sé, la palabra milagro está bastante denostada por
toda la implicación que tiene con el catolicismo en el que hemos
crecido. Pero seamos sensatos; desvistamos el concepto milagro de su
pesado manto santificado y abramos la mente que, os lo aseguro, no
caeremos en un abismo de creencias dogmáticas.
A la vida le gusta jugar un poco, le gusta poner a
prueba nuestra capacidad de observación. Cuántas veces nos hemos
preguntado: ¿cuándo tendré un trabajo decente?, ¿cuándo me querrá
alguien?, ¿cuándo me entenderán?, ¿cuándo seré feliz?
Tengo dos noticias, una buena y otra mala (o no tan
mala):
La primera es que YA somos felices.
La segunda es que estamos ciegos y sordos. No sabemos
ver ni escuchar que YA somos felices.
Estamos siempre esperando nuestro momento de ser
felices, y ese momento parece no llegar nunca cuando, en realidad, ya
está ahí. Es como haber cogido número para comprar en la
pescadería unas gambas el 24 de diciembre y nunca llegase nuestro
turno. Mientras esperamos, las gambas se van acabando porque el resto
de clientes se las llevan a capazos. Entonces adelantamos la
catástrofe: “Cuando llegue mi turno ya no quedarán gambas”. Lo
que no vemos, y sobre todo no disfrutamos, es la contemplación
serena del conjunto de la pescadería. No vemos unas preciosas
doradas, unas jugosas caballas o unos suculentos mejillones.
No: yo
quiero gambas, y si no son gambas no seré feliz.
A los vegetarianos les sugiero que cambien las gambas
por puerros, las doradas por coliflores y las caballas por
zanahorias.
La vida jamás sucede en el peso de los acontecimientos
pasados (peso que, por otro lado, nosotros le otorgamos), ni tampoco
en el adelanto de la catástrofe futura.
La vida sucede ahora, en el disfrute de la
contemplación. Sin juicios, sin conceptos, sin esperanza (ojo: no es
lo mismo esperar que estar esperanzado).
Todavía no he conocido ni una persona (y me incluyo)
que adelante hechos maravillosos.
-Tengo la capacidad de X y sé que llegará.
En nuestra mente sucede algo más parecido a:
-Me gustaría que sucediera X, pero es tan difícil que
no creo que llegue nunca.
Y lo que no sabemos es que el pensamiento previo siempre
genera los acontecimientos subsiguientes.
Para los más escépticos cambiaré la frase y la
transformaré en:
“El pensamiento previo favorece que sucedan
ciertas cosas y no otras”
Nunca hablo de creencias o suposiciones. Hablo de cosas
que he experimentado en mi mismo. Y tengo la firme convicción de que
tú y yo somos lo mismo expresado en distinta forma. Por lo tanto, si
me pasa a mi te puede pasar a ti.
Otra cosa es que no quieras o no puedas verlo. Lo único
necesario es que ese todo, expresado en ti (no en lo que tú crees
que eres sino en ti) se convenza de que es así.
Somos capaces de “casi” cualquier cosa en este tramo
de tiempo que se nos ha concedido y que llamamos vida. El casi lo
pongo entre comillas para que nadie me acuse de ingenuo. Es evidente
que una persona que mida 1,50 metros jamás llegará a jugar en la
liga norteamericana de baloncesto. Pero la pregunta es: ¿es
necesario jugar en la liga norteamericana de baloncesto? o ¿qué
puedo hacer con mis 1,50 metros de altura? Y ahí se abre un abanico
de posibilidades tan amplio, que tanta felicidad causa vértigo.
Esperemos nuestro turno. O no, no esperemos nuestro
turno. Nuestro turno es ahora.

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